Trabajadores fijan dunas en el desierto de Maowusu, China – parte de la “Gran Muralla Verde” reforestada para frenar la desertificación. La “Gran Muralla Verde” de China –una masiva reforestación iniciada en 1981– ha plantado unos 78.000 millones de árboles para detener el avance de los desiertos. El programa logró aumentar la cobertura forestal del país (del ~10% en 1949 al ~25% en 2024) y contener la erosión del suelo y las tormentas de arena. Sin embargo, tras más de 50 años, un nuevo estudio reveló un efecto secundario preocupante: tanta masa forestal ha alterado los patrones de lluvia y está provocando escasez de agua en zonas extensas de China (afectando cerca del 74% del territorio nacional). Los científicos descubrieron que el aumento de vegetación redistribuyó la humedad atmosférica: ahora llueve más sobre el Tíbet, mientras que el norte y oeste de China reciben menos precipitación, agravando la sequía en esas regiones áridas. Los autores subrayan que estos cambios en el ciclo hídrico deben considerarse al planificar futuras reforestaciones, para hacerlas sostenibles y no exacerbar la falta de agua.

