25/08/2026 — Actualizado por Carles Herrera
El kalanchoe es una planta muy agradecida: apenas pide cuidados para mostrarse vistosa y de floración prolongada, tanto en interior como en exterior.
Origen y floración
El kalanchoe (Kalanchoe blossfeldiana) es originario de Madagascar, donde crece de forma silvestre en las mesetas de las montañas de Tsaratanana. Debe su nombre al viverista alemán Robert Blossfeld, que lo introdujo en cultivo en Europa en 1932. Es lo que se conoce como una «planta de día corto»: florece cuando las horas de luz diaria son menores que las de oscuridad, típicamente en los meses fríos. La floración, agrupada en inflorescencias muy compactas, puede prolongarse varias semanas, con colores que van del blanco al rojo, pasando por el rosa, el amarillo o el morado.
Cuidados básicos
Al ser una planta suculenta, el kalanchoe tolera bien la sequía y es preferible dejar secar el sustrato entre riegos: en verano puede regarse una vez por semana, y en invierno basta con hacerlo cada dos semanas, reduciendo aún más si el ambiente es fresco. El exceso de riego es su principal enemigo, ya que favorece la pudrición de raíces. Prefiere ubicaciones luminosas, con luz brillante aunque no necesariamente sol directo todo el día, y no es exigente en cuanto a temperatura dentro de rangos moderados. Un aporte de abono para plantas cada dos o tres semanas durante la temporada de crecimiento ayuda a mantener un follaje sano y una floración generosa.

