Los problemas provocados por el riego
Después de más de medio siglo diseñando jardines —desde patios domésticos hasta restauraciones históricas— puedo afirmarlo sin titubeos: la mayoría de los problemas en el exterior no vienen por falta de agua, sino por cómo la usamos.
El riego es una herramienta poderosa. Bien gestionado, crea vida. Mal aplicado, genera enfermedades, desperdicio y suelos degradados. ¿Regamos por necesidad real de la planta… o por rutina?
Vamos a poner orden.
1. Exceso de riego: la asfixia silenciosa

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El error más frecuente en jardines privados y espacios públicos.
Consecuencias:
- Asfixia radicular.
- Aparición de hongos como Phytophthora o Pythium.
- Clorosis y caída prematura de hojas.
- Proliferación de mosquitos y malos olores.
Un suelo saturado pierde oxígeno. Y sin oxígeno, la raíz muere aunque el jardín parezca “bien cuidado”.
2. Riego superficial y frecuente: raíces perezosas
Regar todos los días de forma ligera provoca que las raíces se mantengan en superficie.
Problemas asociados:
- Mayor vulnerabilidad al calor.
- Dependencia constante del riego.
- Estrés hídrico ante cualquier fallo del sistema.
La solución profesional es clara: riegos más profundos y espaciados, que fomenten raíces fuertes y profundas.

3. Mala programación del riego automático
Los sistemas automatizados son magníficos… si están bien diseñados y ajustados.
Errores comunes:
- Programaciones iguales en primavera y verano.
- No adaptar tiempos a lluvias estacionales.
- Emisores mal distribuidos.
- Mezclar especies con necesidades hídricas distintas en la misma línea.
La jardinería sostenible actual exige sectorizar por necesidades reales.
4. Salinidad acumulada
El riego continuo con aguas duras o ligeramente salinas puede generar acumulación de sales en el suelo.
Síntomas:
- Bordes secos en hojas.
- Crecimiento lento.
- Costras blanquecinas en superficie.
Aquí debemos:
- Mejorar drenaje.
- Realizar lavados controlados.
- Aportar materia orgánica para mejorar estructura.
5. Estrés térmico por riego en horas inadecuadas
Regar a pleno sol no “quema” las hojas por efecto lupa —ese mito ya deberíamos superarlo—, pero sí genera:
- Evaporación rápida.
- Pérdida de eficiencia.
- Cambios bruscos de temperatura radicular.
El mejor momento suele ser al amanecer. La planta aprovecha el agua durante el día y reducimos evaporación.
6. Desarrollo de enfermedades foliares
El riego por aspersión en determinadas especies favorece:
- Mildiu.
- Oídio.
- Mancha foliar.
Especialmente si el follaje permanece húmedo durante la noche. En muchas situaciones, el riego localizado (goteo) es más eficiente y saludable.
7. Desperdicio de agua y falta de sostenibilidad
No podemos hablar de paisajismo moderno sin hablar de eficiencia hídrica.
El cambio climático nos exige:
- Elegir especies adaptadas.
- Diseñar con criterios de xerojardinería.
- Incorporar sensores de humedad y sistemas inteligentes.
- Aprovechar aguas pluviales.
El agua es un recurso, no un adorno.
Te propongo una pequeña reflexión práctica:
¿Sabes cuántos litros consume tu jardín al mes?
Si no lo sabes, ahí tienes el primer indicador de mejora.
Un jardín equilibrado no es el que más se riega, sino el que menos lo necesita gracias a un buen diseño.
¿Tienes dudas sobre tu jardín o plantas?
Carles Herrera, con más de 50 años de experiencia en jardinería, responde personalmente a tus consultas.

