Fiebre jardinera

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Vita Sackville-West fue una poetisa inglesa, novelista y diseñadora de jardines. Pese a ser hija única en una de las familias más acaudaladas de Reino Unido, no pudo heredar Knole House, el impresionante castillo en el que nació. Situado en Kent, se la apodaba popularmente la «casa-calendario» por sus 365 habitaciones, 52 escaleras,12 entradas y siete patios. Ante la imposibilidad de habitar el castillo, Vita se buscó otro donde vivir su vida, Sissinghurst, donde diseñó uno de los jardines más icónicos del siglo XX.

Sissinghurst forma parte de un recorrido jardinístico-literario entorno a Bloomsbury que incluye Monk’s House, el jardín que cultivó Leonard Woolf, marido de Virginia Woolf, y Charleston, el de Vanessa Bell, hermana de la escritora que, por cierto, mantuvo un idilio romántico con Vita que inspiró Orlando, una de las obras cumbre de Woolf.

Orlando, la adaptación al cine de la novela protagonizada por Tilda Swinton, es precisamente una de las películas del ciclo Paradís Perdut que arranca hoy -hasta el 27 de septiembre- en la Filmoteca de Cataluña. Es el segundo año que Ignacio de Somovilla selecciona un puñado de películas y documentales que abordan el «mundo fascinante, complejo y rico del jardín», comenta.

Películas como, por ejemplo, I giardino dei Finzi-Contini de Vittorio de Sica, la historia de una rica familia judía de Ferrara (Italia) que, ajena al horror con el que el fascismo está a punto de golpear su destino (trenes, cámaras de gas), reparte sus últimos días en su particular paraíso privado entre paseos en bicicleta, partidos de tenis y picnics a la sombra de los árboles.

El ciclo también incluye El perro del hortelano de Pilar Miró, rodada en los jardines de Queluz, el Versailles portugués, con sus bellísimos canales de agua. O el documental Jardín de sueños, que narra la creación del laberinto construido en Los Álamos en honor a Borges, con más de 8.000 arbustos.
Amigos de las orquídeas

Somovilla es, a la vista está, un apasionado experto de los jardines. El año pasado publicó con Pilar Samprieto El jardín escondido. Espacios verdes en la ciudad (mejor libro según la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos) y pertenece a la Asociación Francesa de Periodistas de Jardines que, no hace falta decirlo, carece de equivalente en España. Igual que la sección de críticas de jardines que tiene buena parte de la prensa inglesa, un país en el que existen, por ejemplo, cosas como la Asociación de Amigos de las Dalias o del Musgo, explica.

«Falta profesionalización», se queja Somovilla, «el ejemplo perfecto es Temps de flors en Girona. La iniciativa es muy exitosa, pero parece que sólo importen las cifras: lo poco que cuesta, los miles de personas que acuden y el impacto económico en la ciudad. Hay que evolucionar un poco», reflexiona.

Y eso que los apasionados por el reino vegetal abundan. Existe la Associació Catalana Amics del Bonsai, de las orquídeas, los cactus y las suculentas y las rosas, explica Somovilla. Y luego está la Associació d’Amics del Botànic de Barcelona, con unos 400 miembros. Para ellos (y para todo aquél que quiera apuntarse), Somovilla organiza varias veces al año viajes a jardines emblemáticos a los que se apuntan jardineros, paisajistas, botánicos, arquitectos y fans del reino vegetal que hacen lo que pueden en su modesta terraza. El objetivo: peregrinar a algunos de los jardines más deliciosos de todo el planeta. En estos momentos, Somovilla se encuentra de viaje en Roma, preparando una nueva ruta de cara a la temporada que viene. El viaje programado tiene ventajas, además de olvidarse de la logística: hace posible el acceso a algunos jardines privados que no abren sus puertas fácilmente y guías personalizadas de la mano de jardineros que se ocupan personalmente de ellos.
Rutas verdes

La ruta por los jardines del Loire, por ejemplo, arranca en Nantes, en uno de los jardines japoneses más antiguos de Europa y pasa por el jardín de Villandry, uno de los más reputados de la tradición potager o kitchen garden, lleno de enormes calabazas, repollos y otras verduras que suelen encontrarse en los huertos. Sus creadores fueron un matrimonio formado por un español, el doctor Carvallo y una multimillonaria americana, Ann Coleman, que se enamoraron con la guerra de la independencia cubana como telón de fondo que enfrentaba a España y Estados Unidos, compraron un castillo abandonado y construyeron un vergel que aún hoy recibe miles de visitantes.

Mercè Mestres es la presidenta de la Associació d’Amics del Botànic y suele apuntarse a los viajes. Uno de los que más le gustó fue el de Madeira, «con sus espectaculares acantilados y un jardín de orquídeas precioso», y confiesa que prefiere la naturalidad levemente asilvestrada del jardín inglés al barroquismo del francés. Mestres es una acérrima defensora del Jardín Botánico de Barcelona («tiene la mejor colección de bonsáis de España», resalta), pero le entristece que el barcelonés medio no lo tenga entre sus visitas regulares: «es difícil querer algo que no conoces, y eso es lo que sucede con el Jardín Botánico. Para la mayoría de barceloneses, Montjuïc sigue asociándose al deporte», lamenta. Como siempre, lo reducido de su presupuesto es el motivo principal de su desconocimiento.

Como escribe Umberto Pasti en Los jardines. Los verdaderos y los otros (Elba): «El jardín se parece a quien lo ha concebido. Refleja sus aspiraciones, sus habilidades, sus locuras y sus virtudes. Pero a diferencia de una obra de arte, que se crea por completo desde la nada, el jardín se convierte en lo que es por una acumulación de causas y elementos que van más allá de la capacidad de quien lo concibe».

http://www.elmundo.es/cataluna/2015/09/17/55f9b5ad22601dd02e8b45ba.html

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