Cada otoño la calabaza vuelve a los mercados, a los huertos y a las puertas de las casas. Parece una hortaliza humilde, pero tiene detrás una historia extraordinaria: es una de las primeras plantas que el ser humano domesticó en América, cruzó el Atlántico con los primeros viajes a las Indias y acabó convertida, por un cambio de vegetal, en el símbolo de la noche de Halloween.
Diez mil años en una cueva de Oaxaca
En la cueva de Guilá Naquitz, en el valle de Oaxaca (México), los arqueólogos encontraron semillas, pedúnculos y fragmentos de corteza de Cucurbita pepo con rasgos claros de domesticación. Datados por el arqueólogo Bruce D. Smith en un estudio publicado en Science en 1997, tienen entre 8.000 y 10.000 años. Son anteriores en más de cuatro milenios al maíz y a las judías, lo que convierte a la calabaza en la planta domesticada más antigua conocida del continente americano.
Las tres hermanas de la milpa
Los pueblos mesoamericanos acabaron cultivándola junto al maíz y la judía en la milpa, el sistema que en Norteamérica se conoce como «las tres hermanas». Es un ejemplo de asociación de cultivos que cualquier hortelano puede entender: el maíz sirve de tutor a la judía, la judía fija nitrógeno en el suelo y las grandes hojas de la calabaza cubren la tierra, conservan la humedad y frenan las malas hierbas. Un acolchado vivo, miles de años antes de que habláramos de agroecología.
Un nombre antiguo para una planta nueva
Cuando la calabaza americana llegó a Europa en el siglo XVI, la palabra «calabaza» ya existía en castellano. Designaba a la calabaza del Viejo Mundo, Lagenaria siceraria, la de corteza dura que se vaciaba y secaba para usarla como cantimplora, la «calabaza del peregrino». El nombre pasó a la recién llegada, y por eso hoy llamamos igual a dos plantas de géneros distintos. Ya en 1542 el botánico alemán Leonhart Fuchs incluyó calabazas americanas en su célebre herbario, una de las primeras representaciones europeas de esta planta.
Botánicamente, una baya gigante
Para un botánico, la calabaza es un fruto muy particular: un pepónide, un tipo de baya de corteza endurecida, el mismo que tienen el melón, la sandía y el pepino. La planta, además, tiene flores masculinas y femeninas separadas, y necesita a los insectos polinizadores para que una lleve el polen a la otra. Por eso, cuando una calabacera da muchas flores y pocos frutos, casi siempre falta polinización, no abono. Y las flores no se desperdician: en la cocina mexicana, la flor de calabaza es un ingrediente muy apreciado.
De los nabos irlandeses a Halloween
La calabaza tallada con una vela dentro, la jack-o’-lantern, nace de una leyenda irlandesa: la de Jack el Tacaño, un hombre que engañó al diablo y fue condenado a vagar en la oscuridad con una brasa dentro de un nabo vaciado. En Irlanda y Escocia lo que se tallaba eran nabos y remolachas. Fueron los emigrantes irlandeses quienes, al llegar a Estados Unidos en el siglo XIX, encontraron en la calabaza americana una hortaliza más grande y fácil de vaciar. La costumbre volvió después a Europa ya con la calabaza como protagonista. En Galicia se ha recuperado en las últimas décadas el Samaín, que reivindica la antigua costumbre rural de vaciar calabazas y nabos en estas fechas.
Más de una tonelada de calabaza
La selección de variedades gigantes ha llevado a esta planta a cifras difíciles de creer. El récord mundial reconocido lo tiene «Muggle», una calabaza cultivada por los gemelos británicos Ian y Stuart Paton y pesada en octubre de 2025 en Berkshire (Reino Unido): 1.278,8 kilos. Superó la marca anterior, de 1.246,9 kilos, que tenía desde 2023 el estadounidense Travis Gienger. Detrás de estos ejemplares hay meses de riego, abonado y cuidados diarios. Detrás de la calabaza de tu huerto, diez mil años de historia.
Fuentes: B. D. Smith, «The initial domestication of Cucurbita pepo in the Americas 10,000 years ago», Science, 1997; Guinness World Records (calabaza más pesada); Leonhart Fuchs, De historia stirpium, 1542; tradición popular irlandesa sobre el origen del jack-o’-lantern.
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