25/08/2026 — Actualizado por Carles Herrera
La berenjena (Solanum melongena) es originaria del sudeste asiático, con los registros de cultivo más antiguos —anteriores al año 2000 a.C.— localizados en el estado indio de Assam, Birmania y China. Llegó a Europa en la Edad Media, introducida por comerciantes árabes a través de la España musulmana, desde donde se extendió a otros países mediterráneos.
Composición y propiedades
El agua es el componente mayoritario de la berenjena, en torno al 92% de su peso. Contiene una cantidad media de fibra, más concentrada en la piel y las semillas, y su mineral más abundante es el potasio, junto con cantidades más discretas de fósforo, calcio, magnesio y hierro. Sus propiedades saludables se atribuyen en buena parte a los flavonoides antioxidantes presentes en la piel, responsables también de su ligero sabor amargo. Debe consumirse siempre cocinada y bien madura, nunca cruda.
Cultivo
Pertenece, como el tomate y el pimiento, a la familia de las solanáceas. Es una planta muy exigente en luz —necesita entre 10 y 12 horas diarias— y en calor, sensible al frío, con una temperatura mínima biológica de 10-12 °C. Se cultiva como anual en climas templados, trasplantando el plantel en primavera para cosechar en verano. Desde la plantación hasta el inicio de la recolección suelen pasar entre tres y cuatro meses, y la cosecha puede prolongarse hasta que el frío del otoño detiene el crecimiento de la planta. Conviene recolectar los frutos antes de que formen semillas, cuando la piel cede ligeramente a la presión.
En el huerto
Debido a su sistema radicular potente, la berenjena no combina bien con otras hortalizas exigentes, aunque tolera vecinas de ciclo corto como el rábano o la lechuga. Puede verse afectada por mosca blanca, pulgón y distintos hongos. Sus flores también son comestibles.










